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juani.otromundo@gmail.com

 


(mezcla de liner notes y obra derivada de La paz ciencia, de Juani Favre, Planeta X discos, 2013)

 

1.
...alzó lentamente el torso; luego, los brazos; después, la cabeza. El aire frío le adormecía las fosas nasales, entraba profundo, inauguraba alveolos pulmonares. Como si le dijera “el mundo puede darte más”. De golpe, sintió que acababa de emerger de las más heladas aguas de la Antártida. Exhaló hasta vaciarse. Los pies, juntos, temblaron, buscando el punto de equilibrio antes del salto...

2.
...la cena, su fin, los había desparramado. Algunos salían a fumar, otros elegían los próximos discos. Él se había acomodado en un sillón bajo, un trono de patas y apoya brazos dorados y cuerina negra. Mirar a sus amigos fue entender su autonomía y el secreto de su mirada. Fue un rapto de soberanía sin territorio -salvo el trono-, sin multitud, salvo el mar de bravura que lo habitaba, agitando su deseo en el precipicio donde van a caer los recuerdos ...

3.
...la línea de sinte cumplía funciones de bajo. Una voz en alemán cantaba en tono militar, casi quejándose, como tosiendo, preguntaba si eso era amor o sexo. Ella daba vueltas como una bailarina clásica, los brazos en alto y curvados, los pies en punta. Como una bailarina no clásica exigió un cuarto vaso de vino. Él le sirvió y ella, como contraataque, le disparó una sonrisa que impactó de lleno en sus ojos. Él se volvió un alarido, silencioso, que rogaba que lo dejara entrar. Envuelto de música, agradeció estar ahí, bailando sin testigos, cuidándose para no devenir ayer, inventándose una intimidad en la que, como si fueran los últimos seres humanos vivos, se festejaban...

4.
… me gusta la idea de que la muerte no existe porque, a fin de cuentas, las formas de vida particulares se descomponen sólo para volver a entrar en nuevas combinaciones. El capullo que despierta y empieza a perecer ¿será materia orgánica del orégano que el año próximo usaré en un fileto con mucho ajo? ¿ese que habré comido con mis amigos, una noche lluviosa, mientras alguien (siempre, ahí afuera) estaba muriendo? Seguramente, no (la contingencia no es tan lenta). Me gusta también esa idea de que todos los caminos son finitos pero mientras haya pensamiento la vida tendrá la imagen del infinito...

5.
...fue enterrar los dedos de la mano derecha en la arena fría, nocturna, cavar sin objeto, cavar su propia tristeza, su andar, su profundo herir, sin hacerle más que un mísero pocito, dormirse casi de golpe, golpeado por la oscuridad que negaba los horizontes, acariciado por las estrellas que lo invitaban a la fuga. Abrir los ojos horas más tarde, bajo sol suave brumoso del amanecer, sentirse sobreviviente de un ataque nuclear, mirar su mano, mirarse las uñas y redescubrir, en la arena, porfiado, el pocito...

6.
...cruzar el techo de chapa, ser la indiferencia de cruzar un techo de chapa, ser la indiferente causa de esos truenos latosos que aturden a los de abajo, que se cubren con gestos de molestia y con risas de saber que es la gata. Ser tantas veces como esa gata, yendo, así, por la acción de seguir...

7.
… no lo había previsto pero ahora, un instante antes, podía anticiparlo mientras la velocidad lo hacía apretar con más fuerza el manubrio de la bicicleta. Un cuerpo acelerado, en roce, los pies revoloteando, apenas por encima de los pedales. En medio de la pendiente acopló su voz con la voz del que cantaba en sus auriculares: “la noche nos vuelve a sorprender en la bajada hacia el parque”.  Miró alrededor, sabiendo que la bajada del tema era esa misma bajada. La bici saltó sobre el empedrado y volvió a discurrir sobre un plano horizontal mientras él se llevaba la huella de esa alquimia entre la cosa y los relatos.

8.
...cuando la veía irse, de espaldas, caminando lento, los brazos colgando, los pies ligeramente inclinados hacia afuera, el sol jugando sobre sus calzas negras, el pelo largo hasta la cintura, la amaba tanto que, muchas veces, no lograba evitar que su memoria tarareara “te pido una oportunidad para quedarme y demostrar que esto es lo que te hace bien” ni controlar las ganas de correr hasta ella...

9.
...una sucesión de ordenamientos y explosiones, de respiraciones y acontecimientos, de la perpetua oscilación de los posibles, de las vidas acumuladas, de las vidas no vividas, nadador de superficie, buzo adivinando contactos, sonar de secretos profundos. De eso estaba hecho. Pero también, desde que sus pies apenas si alcanzaban los quince centímetros de largo, de ese juego de caminar cuidándose de pisar la línea de las baldosas, como un metodista lúdico...

10.
…la plaza desconocida la atraía como atrae el secreto del amor. Se sentó en el silencio de un bello lugar, un banco bajo los álamos. Frente a ella un grupo de chicos y chicas tocaban tambores y guitarras. No reconocía los temas pero podía decir, genéricamente, que eran sonidos afro. Un ritmo lento y sincopado fue la banda de sonido para el momento en que su mano sacaba una libretita de la mochila. Y enseguida una birome. Había llegado el momento de imaginar el futuro...